Yo sonreí y me moví del sitio.
A medida que pasaban las horas le espié su manera de sonreír, scanneé visualmente sus manos e incluso mientras gobernaba la barbacoa, en modo remoto guardián le vi ocuparse de sus hijos...
La tarde cayó demasiado pronto. Dijo al aire que tenía que irse y, de repente, se acabaron los colores; se ve que el calendario de sábado por la tarde señalaba "ciertas" obligaciones impostergables.
En definitiva, pensé, - ¿acaso alguien sabe cómo mantener el timón? -.
Navegar la propia vida no sólo es cuestión de saber desde dónde sopla el viento, y eso de llegar a buen puerto es tan "subjetivo" que ¿quién sabe si, acaso, será cierto que sea posible?
Pero no sucederá nada. Nada de nada.
No se tira nada nunca por la borda. Regla de navegantes.
Pero no sucederá nada. Nada de nada.
No se tira nada nunca por la borda. Regla de navegantes.

