sábado, 12 de diciembre de 2009

Una de regatas...


Él dijo - Ponte a sotavento, para que no te lleguen las cenizas-.
Yo sonreí y me moví del sitio.



A medida que pasaban las horas le espié su manera de sonreír, scanneé visualmente sus manos e incluso mientras gobernaba la barbacoa, en modo remoto guardián le vi ocuparse de sus hijos...

La tarde cayó demasiado pronto. Dijo al aire que tenía que irse y, de repente, se acabaron los colores; se ve que el calendario de sábado por la tarde señalaba "ciertas" obligaciones impostergables.


Por encima del paredón le vi alejarse hacia la zona de los coches, y entonces creo que murmuré: - Me daría igual a barlovento-.
En definitiva, pensé, - ¿acaso alguien sabe cómo mantener el timón? -.

Navegar la propia vida no sólo es cuestión de saber desde dónde sopla el viento, y eso de llegar a buen puerto es tan "subjetivo" que ¿quién sabe si, acaso, será cierto que sea posible?

Pero no sucederá nada. Nada de nada.
No se tira nada nunca por la borda. Regla de navegantes.

Aprender a volar

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Sin cita previa

Dedicado a la que habla de tres reglas para la mecánica del corazón, o principios básicos difíciles de cumplir.



Aparecen en el audio del coche. Canciones.
Inesperadas, sin cita previa
Me asaltan casi siempre mientras conduzco.

Nunca se por qué pero a veces me da la sensación de que mi música se auto-selecciona. Tal vez, a veces, sobren motivos... "¿quién sabe?"