Sucede.
Siempre. Tan incalculable como inevitable.
Es diciembre, Christmas Time y todas las estructurales del ayuntamiento de las mejores, o peores, ciudades sacan a flote su creatividad para sorprendernos. Pero conmigo solo este alcalde lo consigue. El de Madrid.
Y suele ser cuando atravieso, sin prisa ni pausa, La Castellana. Concentrada al volante, bajo un poco el volumen de la radio y de frente a algún que otro semáfono, me asaltan de repente sus luces, sus estrellas o sus palabras.
Y me gustan, y me traen recuerdos de cuando gastaba mis zapatos en Madrid. Y entonces todo lo veo en orden ("Mi" torre Picasso, "mis" ex compañeras - hoy amigas, "mi" café y "mi" zumo en el Moda Shopping antes de entrar, "mi" parada del 150, "mi parada en Padre Damián esquina Juan Hurtado de Mendoza, el frío en esta época, los guantes, las botas)...
Pero anoche no sucedió.
Y recién despertada, aún sin calentarme las manos, ni el alma con un café en dosis fuerte tamaño mug, acabo de darme cuenta. Hoy.
A lo mejor es porque este diciembre yo tengo otros motivos para saber que pronto en Navidad. Será eso tal vez pero just in case le voy a dar unos pocos días de margen al Alcalde Gruyere.
Mientras estemos de puenting. En Madrid.
Sorpréndeme Gallardón! Vengaaaaaaaaaaaaaa
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